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Azul

Usuario muy conocido
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Mi historia con la UNAM – Break


Antecedentes


Primero que nada, me disculpo por la extensión de esto. A veces me gusta divagar…


Mi nombre es Pilar, tengo 22 años y soy del Estado de México. Si bien, tuve una corta época de “estudiante ejemplar” (ya saben, dieces, diplomas y cosas así), eso quedó en el pasado desde antes de entrar a la preparatoria. No hubo razones dramáticas para el cambio, es sólo que, admito con algo de pena, siempre he sido una persona muy perezosa. Aunque eso salió a relucir una vez entré en ella.


No tuve grandes problemas para quedarme en una preparatoria de la UNAM, ya que los exámenes de opción múltiple nunca fueron difíciles para mí (al menos hasta ese punto; no sabía lo que me esperaba después, je…). Para sorpresa de todos, logré ingresar a la “Prepa 9”, pero desde allí todo fue cuesta abajo por la razón que mencioné arriba. Fueron tres años enmarañados de extras y problemas emocionales donde sólo me preocupaba por pasar materias que había ignorado antes y un año extra donde tuve que pensar más seriamente en lo que haría al salir de allí. (Aquí es donde me miran feo por desperdiciar un pase reglamentado, aunque con mi promedio no valía la pena considerarlo siquiera).


Siempre he tenido gusto por el dibujo y un poco por el arte en general, además de que la filosofía se me hace muy interesante (así es como terminé en área cuatro), pero tuve dificultades para decidirme por una carrera. Después de estar largo tiempo sopesando las características de dos de carreras, al final terminé eligiendo una tercera, Diseño y comunicación visual, porque lo que vi en su plan de estudios me agradó mucho y porque, tal vez ingenuamente, tuve la idea de que tal vez me ayude a expresarme mejor (algo que siempre me ha costado trabajo, aunque usted no lo crea (¿?)).


Necedades


En realidad nunca contemplé la idea de buscar otras opciones académicas además de la UNAM. Mi padre y hermano mayor son egresados de la UAM y me aconsejaron intentar entrar allí también. La primera vez, siendo tan necia como soy, no los tomé en cuenta (mi excusa fue que no tenía exactamente la carrera que quería. Sí, tienen una… parecida, pero eso no importaba).


Al final pasé la última materia que debía (en extraordinario, como era de esperarse) e hice mi primer examen de ingreso a la licenciatura en la UNAM. Fallé. “Haré la siguiente vuelta”, dije; me ahorré el drama, y así lo hice. Falle de nuevo. “Creo que… lo haré el año que viene…”, dije esta vez, con un poco más de drama.


Para suerte (o desgracia) mía, tenía un padre que era extremadamente paciente conmigo. Estaba preocupado por mi futuro, sí, pero no me recriminaba por tardarme tanto con mis exámenes.


Aquí inserten un paréntesis donde académicamente no me ocurrió nada relevante, experimenté lo que era ser “nini”, otro par de fallas con el doble de drama y un poco más de desesperación, mucha negación y la enfermedad de mi padre.


Mis amigos, cuya mayoría ya estaban bien metidos en sus respectivas carreras, me aconsejaron inscribirme en uno de esos cursos para pasar el examen. ¿Ya les mencioné que soy muy necia? Sí, no los tomé en cuenta. Primero, porque siempre he estado acostumbrada a ir a mi propio ritmo, y después, porque no tenía el dinero para pagar uno.


Fracasando


En todas esas veces que fallé decidí estudiar por mi cuenta, recurriendo a los viejos libros y mis medianamente legibles apuntes de la prepa, pero aun en aquella ocasión en que sentí que me había esforzado más, me quedé a tres aciertos de alcanzar el puntaje necesario. Mis resultados no eran tan malos, pero la frustración era cada vez más grande porque no podía salir de ese estancamiento donde siempre, con ligeras variaciones, me quedaba a menos de diez aciertos.



Mi último intento fallido lo hice en la primera vuelta de este año, después de tener que despedirme de mi padre que ya no pudo con su enfermedad. Aunque quise de alguna manera demostrarle que sí podía entrar a la universidad, el golpe fue demasiado para mí y saqué el peor resultado que había tenido hasta entonces. Traté como pude de no deprimirme más por eso y para aligerarle la carga a mi hermano (que ahora se ocupaba de mí) decidí que tenía que entrar en la vuelta siguiente.


¿Estudiando?


En este punto yo ya conocía “Foros UNAM”; los había encontrado una vez mientras vagaba por la red, todavía en mi último año de prepa. Los consideraba muy útiles para encontrar información sobre los exámenes cada año, pero nunca tomé la decisión de involucrarme o averiguar sobre sus proyectos como el simulador Zeus. Esta vez, como sabía que necesitaba un buen empujón para sacar esos aciertos que siempre me faltaron, decidí probar.

Nunca he tenido grandes estrategias de estudio, siempre hago lo básico, leer el tema y hacer un resumen; si lo entiendo suelo recordarlo, si no lo entiendo, trato de buscar ejemplos para comprender; las partes teóricas siempre han sido mi fuerte, por eso los cuestionarios me venían de maravilla.

Como estaba convencida de que tenía que quedarme sí o sí esta vez (aunque… si eso no ocurría planeaba buscar un trabajo. Eso sí, nunca tuve la idea de dejar de intentarlo, no quería que me derrotaran de esa forma… por decirlo de alguna manera) estudie un poco más con el nuevo material que tenía, aunque, como después de los previos rechazos no sentía mucha confianza, bajé un poco mis expectativas y cambié el plantel por uno que pidiera menos aciertos (de la FAD (antes ENAP) a la FES Cuautitlán) y así me lancé al examen (lo gracioso es que obtuve los aciertos suficientes para quedarme en la FAD… ok, no es muy gracioso).


Aprobando


Después de eso, la espera de resultados se me hizo eterna. A las doce de la noche del día señalado estaba allí con teléfono en mano (temblorosa) buscando mi número de comprobante y tal vez se imaginarán el tremendo suspiro de alivio que di cuando lo encontré con un ciento seis y una A al lado. Por fin. (Claro que el alivio se convirtió en ansiedad cuando le di click al link y tenía que contestar la dichosa hoja de datos y un examen y nada cargaba y… bueno, esa historia seguro varios de ustedes se la saben también c: ).


Y…


Si algo han de aprender de esto, tal vez sea que la pereza hace mucho mal. O que deberían seguir intentando hasta lograr lo que quieren (claro que si no tienen tanto tiempo para perder como yo, el esfuerzo tendrá que ser mucho mayor). Ya sé que no soy un ejemplo a seguir, pero por fin estoy dentro, y después de tanto tiempo de inactividad, no puedo esperar para empezar con las clases. Espero esforzarme mucho más de lo que hice en todos mis años anteriores…
 

ErikaRome

Nuevo usuario
#2
Wow que padre que te quedaste, yo tambien quiero esa carrera ;) ..... tambien lo he hecho varias veces y aun no me he quedado :(..... y tienes razon eso de la pereza es muy malo jajajaja....... Gracias, me has motivado e inspirado, ¡Lo intentare otra vez!